EL BAQUEANO


The word "Baqueano" is a South American term used to designate a person who is familiar with the paths and byways of a territory, its physical characteristics and the language and customs of its people where he usually belongs. By extension applies to anyone who is particularly skilled and experienced in a specific territory.

Trough a series of interviews I asked people to tell me something specific about the locations and their personal relations with the site and history, trying to recognize a place that is not there but in the memory of the people.


El Baqueano has been award with the First Prize at the Latin American Video Art Festival (FLAVIA) in 2012 held in Borges Cultural Center in Buenos Aires, Argentina; The Honourable Mention at the Bahía Blanca Biennale in 2013, Official Selection at BIM, Moving Image Biennale. In 2013 El Baqueano was exhibited as a solo show at Fundación Santander Creativa, in Spain and at the Moscow Museum of Modern Art curated by Marina Fomenko in Moscow, Russia.




. 3 channel video installation or one channel HD video version

. 18:16:06

. Directed, filmed and edited by Florencia Levy


Please, send me an email to florencialevy@gmail.com if you would like to view the full film on Vimeo, Thanks!






Please scroll right to view the work

         Trailer  EL BAQUEANO:


         



                                  
                                                                                  
                                                      
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Text that accompany the exhibition written by argentinian writer Ezequiel Alemian 


Diario de Exploración de Lidia Cabrera, astronauta norteamericana


Día 1


Mis hijos ya deben ser unos ancianos. Viajé varias décadas congelada a través del espacio intergaláctico, a la búsqueda de planetas donde pueda desarrollarse nuevamente la vida humana.  Hace apenas unas horas hice aterrizar con éxito el módulo en el que viajo, el Coquiro, en el planeta Elmo 317. Elmo 317 pasa en este momento justo por entre los dos soles que son los centros de su sistema planetario; no hay, por lo tanto, noche, y la temperatura no baja de los 50ª. Su superficie es desértica, con grandes formaciones rocosas. No parece haber una atmósfera que mantenga la humedad.


Día 9


Hace ya una semana que recorro Elmo 317 utilizando el vehículo todo terreno de doce ruedas. También camino mucho. Hay un oxígeno relativamente potable, señalan los indicadores. Con algunos cuidados mínimos, una colonia podría instalarse aquí sin mayores inconvenientes. Incluso es posible que alguna forma de vida haya existido en algún momento. Microorganismos, o seres súper inteligentes.


Día 11


Sorpresa mayúscula: investigando una cueva en un pliegue de las montañas, doy con un pasadizo que me comunica con un extraño sistema de túneles. Estoy varias horas recorriéndolos. Siento que están habitados. Que solo es cuestión de esfuerzo dar con sus habitantes. Entonces observo una luminosidad extraña, intensa, que supongo que debe provenir del exterior. Subí por una suerte de escalinata encajonada en la piedra y llego a una suerte de ambiente abovedado en cuyas paredes lisas alguien ha pegado una constelación de imágenes. Son dibujos, fotografías. Copio a continuación la desgrabación de las impresiones que dejé en mi voice mail.

La mitad del cuadro es para la tierra, la mitad del cuadro es para el cielo. La tierra y el cielo. La tierra en el cielo, y el cielo en la tierra. Una atmósfera primigenia. El origen del mundo. El origen del tiempo. Nieblas. Algunas siluetas como si emergieran de esas nieblas, o como si se hundieran, perdiéndose en esas nieblas. ¿Se orientan o se extravían? ¿Abren camino en la confusión, o se hunden en ella? ¿O si simplemente se movieran de manera natural en ese aire de blancura casi  indistinguible? ¿Es la atmósfera proteica de lo que comienza, o la atmósfera entrópica de lo que se extingue?

Por su disposición en el ambiente abovedado, más que descripciones parciales de algo que no puedo reconstruir, parecen invocaciones. Son como los dibujos de las cuevas prehistóricas, forman parte de un mundo mágico. Detienen el tiempo. Lo extienden en el espacio. No muestran lo que se ve, sino lo que se ha perdido. ¿Y qué es lo que invocan? Tal vez no lo sepan. Tal vez sea la necesidad de invocar; la necesidad de desear. El deseo de desear, cuando no hay qué desear. El deseo de desear, cuando no hay deseo. Un esquema del deseo de desear.

Una pérdida habita estas imágenes. ¿O no? ¿No están habitadas por la nostalgia?

A lo mejor son invocaciones de otro tipo: son invocaciones de sentido, digamos. No un mundo mágico sino un mundo de diagramas a completar. ¿Qué une a cada elemento con el otro? ¿Qué une a esas uniones entre sí? ¿Cuál es la figura que dibuja ese tapiz? ¿El núcleo simbólico de una comunidad? ¿El espíritu de una aventura?¿El rostro de quien lo ha tejido?

Me imagino a mí misma, habiendo encontrado estas imágenes, desplegándolas delante de mi vista, pasando horas y horas observándolas, intentando comprenderlas. Hay algo que me quieren decir, pero no alcanzan a articularlo. ¿Puedo leer, en el esfuerzo por articular, el mensaje completo? ¿Se puede deducir  un pensamiento antes de que éste se haya constituido? ¿O el pensamiento debe mantenerse en ese estado de no constitución, de cuestionamiento continuo?

 Me pregunto quién habrá hecho estas imágenes. ¿Un habitante de este planeta? ¿O un visitante a este planeta? ¿Qué es lo que mira, en todo caso? ¿Qué es lo que le interesa ver? ¿El drama de los cuerpos? ¿Qué drama de los cuerpos?

Pienso que quien hizo estas imágenes no forma parte del mundo de los retratados. El mundo de los retratados es un mundo que quien hizo estas imágenes no comprende. Me pregunto si pueden comprenderse las imágenes si no se comprende el mundo de las imágenes, y al revés: si puede comprenderse un mundo si no se comprenden las imágenes de ese mundo. Pienso en la relación entre el mundo y las imágenes de lo que veo en este ambiente abovedado. ¿Puede comprenderse un mundo a través de sus imágenes? ¿Y qué mundo es el que hay que comprender? ¿El observado? ¿O el de quien lo observa?

Observo a alguien observando un mundo. Un mundo observando otro mundo.

No comprendo el mundo de estas imágenes, ni el mundo de quien ha tomado estas imágenes. ¿Está mal que piense que el único mundo que me interesa comprender es el mío?


Día 13


Envío mis apuntes a la Nasa sin corregirlos ni ordenarlos. No sabría cómo hacerlo, tampoco. En cualquier caso, ellos me enviarán instrucciones. Si no hay viento cósmico interfiriendo, la transmisión dura aproximadamente dos horas. Si el viento cósmico es muy fuerte, el envío se pierde, queda flotando en el espacio, como basura sideral, y hay que recomenzar el proceso. Trato de descansar, pero no puedo. O no quiero. No trato de descansar. ¿Por qué lo digo, entonces? No quiero descansar nunca más.

Día 13, más tarde

¡Cuántas preguntas! ¿Son las imágenes de la cueva imágenes de quienes vivieron en este planeta? Si es así: ¿por qué se extinguieron? ¿O son imágenes de habitantes de otro planeta? ¿Quién las llevó a la cueva? Bueno, supongo que esas son cosas importantes. Pero yo me pregunto más otras cosas: ¿cómo comían, por ejemplo? ¿Cómo andaban? ¿Cómo conversaban? ¿Cómo se amaban? ¿Cómo se contaban un secreto? ¿Cómo expresaban sus intensidades? ¿Cuáles eran? ¿Cuáles eran sus intensidades? ¿Cómo eran las cosas que los hacían vibrar?

Día 13, todavía más tarde

Las imágenes de la cueva pueden ser los apuntes tomados por un investigador: un alienólogo. Como si hubiesen sido captadas por una mirada naturalista, documental. Las imágenes de la cueva son documentos. Pero otra vez: ¿documentos de qué? ¿Tan difícil es ver en una imagen lo que otro vio? ¿Tan difícil es ver lo que el otro vio, en la imagen de lo que el otro vio?


Día 14


Por algún extraño motivo, todavía no recibo respuesta de la Nasa. No tengo instrucciones para operar, más allá de los procedimientos de rutina. Pero no quiero quedarme en el módulo. Entonces calzo mi traje y vuelvo al sistema de túneles. Entro por el mismo pasadizo de antes, pero esta vez elijo seguir otro camino. Por momentos los pasajes son demasiado estrechos y temo quedar atrapada, o desgarrar mis circuitos contra alguna saliente.


Día 15


La sorpresa de lo que encontré ayer me obligó a suspender el diario. Creo que se trata de un hallazgo único en la historia de la humanidad. Completo el relato. Los túneles en general son ascendentes, así que otra vez estaba en una especie de escalera tallada en la roca. Arriba, mientras iba trepando, vi una reverberación luminosa contra el techo. Algo estaba funcionando ahí adentro. Una máquina, pensé. Me pegué a la pared y trepé con cuidado, muy lentamente. En una sala un poco mayor que la de las fotos y dibujos. Tres pantallas ubicadas en semicírculo emitían un continuo de imágenes. Las dos laterales parecían focalizarse en aspectos no centrales de lo que se emitía por la pantalla frontal. Desgrabo de mi voice mail:

Murmullos. Bruma. ¿Cómo abrirse camino? ¿Dónde leer las señales de orientación? Unas luces atraviesan la oscuridad. ¿Qué es una inscripción? ¿Quién inscribe? ¿Quién señala el camino?¿Existe un camino, una línea, si no hay lugar al que llegar? ¿Si no hay lugar al que llegar, no es todo un continuo recomenzar?¿Si no hay lugar al que llegar, no se está, de alguna manera, todo el tiempo, en el mismo sitio? ¿No son entonces todos los sitios equivalentes? ¿Y qué es un lugar al que llegar? ¿Qué busca un baqueano?

Una secuencia larga: alguien observa el cielo. ¿Las señales de qué, busca en el cielo?

Un texto que se inscribe sobre las imágenes. Me hace pensar en esto: ni el que filmó, ni el que escribió, ni los retratados, ni el que montó las secuencias en la cueva, comparten identidad. Alguien filmó, alguien fue filmado, alguien escribió sobre esa filmación, alguien montó la filmación en la cueva. Cada uno pertenece a una civilización diferente. Yo misma pertenezco a otra civilización diferente. Lo que se ve  veo no surge de una identificación, sino de una desidentificación. De una larga cadena de desidentificaciones, de la cual por el momento soy el  último eslabón.

La identificación  es una utopía. Tal vez es lo que se busca. Lo que buscan la historia y la naturaleza, como si fuesen una misma cosa. O es la idea de que la naturaleza y la historia pueden ser una misma cosa. La utopía no es el punto de partida sino el punto de llegada. Y se busca no por sucesión sino por superposición.  Si hay una construcción de identidad, es vertical: se da por acumulación. Creación por capas. Decollage.

Una nueva utopía. No la utopía de la historia. Una historia sin utopía.

Alguien viaja en un vehículo. Una voz grabada se repite. Siluetas recortadas sobre blanco. Escenas de un continuo. Una silueta indecisa, indefensa, dubitativa. Se oye hablar una voz. Los rostros: ¿no miran a los ojos? ¿Qué se ve en las miradas de los retratados? ¿Qué dicen esas miradas sobre quien los está mirando? ¿Están cómodos? ¿Confían? ¿Se entregan a la imagen? ¿Se entregan a quien los mira? ¿Quién es el que está mirando? ¿Pertenecen al mismo tiempo, al mismo espacio?

De pronto, unas tomas fijas, de pronto: unas tomas concentradas en el detalle. Las secuencias se suceden. Unos movimientos en lo que parece ser un bar:  una conversación en una extraña carpa transparente”.

Pausa. Continúo:

¿Qué es lo extraño?

¿Qué es lo extraño?

¿Qué es lo extraño?

Alguien masca algo. Habla con otro. Hablan entre sí. Hablan entre sí de quien está filmando, sabiendo que quien está filmando no los entiende. ¿Qué dirán? Entonces, de pronto, miran a cámara. Entonces, de pronto, esa mirada atraviesa la cámara y llega a quien está filmando. Esto es lo que sucede: la cámara desaparece, y quien mira es reconocido. Quien es mirado sostiene la mirada de quien mira. Ahora quien es mirado también mira. El baqueano es el que filma. Pero: ¿los demás no buscan, también?¿Y qué pasa cuando el baqueano es encontrado? ¿Qué pasa cuando los demás encuentran al baqueano?

No hay utopía sin miradas. No hay utopía sin miradas que se encuentren. No hay miradas sin historia.

Después, la abstracción del frío, su desolación, y un lento recomenzar. ¿O qué es lo que une a una secuencia con otra? Como la bruma y las luces, el hielo y los barcos. No hay principio ni final. Imagen documental e inscripciones ficcionales. Inscripciones ficcionales sobre una imagen documental. ¿No se tergiversan mutuamente? Supongamos que no. Lo que estoy viendo es otra forma de relato. Un relato primitivo, tal vez, balbuceante,  que recién comienza a articularse. Pero, al mismo tiempo que primitivo: nuevo. Está en el origen de algo que recién comienza. Una nueva forma de narrar, una forma compleja, en estado continuo de desmontaje y construcción.


Día 16


Permanezco todo el día dando vueltas alrededor del módulo, reponiéndome del esfuerzo de ayer. He vuelto a comunicarme con la Nasa. Quieren que filme las salas de la cueva y que les envíe los registros. Quieren ver las imágenes del mundo capturado en esas secuencias. Digo que sí, claro.


Día 17


Me pregunto de qué se trata todo esto. ¿De llevar el mundo a la imagen o de llevar la imagen al mundo? No puedo darme cuenta. Me irrita no comprender lo que veo. Me gustaría ser de aquellos que sí lo comprenden. Me incomoda ser tan distinta de quienes comprenden lo que yo no comprendo. ¿Cómo viven sus intensidades?


Día 18


Grabo lo que hay en ambas salas. Lo envío a la tierra, junto con mis reflexiones al voice mail. Debería ordenarlas un poco, pero estoy tan impresionada por lo que he visto que no puedo hacerlo. No podría sistematizar mis sensaciones. La presencia de los dos soles girando a mi alrededor potencia mi desconcierto. Pienso en los quince años que he viajado congelada. Ya no formo parte de nada. Ya nadie forma parte de nada.


Día 19


No sé de qué tipo de civilización formaban parte los sujetos filmados en las secuencias de la cueva. Tampoco sé de qué civilización formaba parte quien filmó a los sujetos de las secuencias de la cueva. Pero eso no me importa. Lo que me importa es tratar de imaginar de qué tipo de civilización formará parte el sujeto que sea de capaz de vivir como propias estas secuencias sorprendentes. Necesito encontrarlo.

Nota del editor: A pesar de lo que asegura en este Diario de Exploración,  Lidia Cabrera jamás envió copia de las imágenes de lo que vio en la cueva. Tampoco volvió a comunicarse con la Nasa. Las últimas señales que emitió su equipo personal provenían de los túneles de montaña.


Ezequiel Alemian

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